viernes, 21 de enero de 2011

SIENTO SU ALIENTO EN MI NUCA

En estas noches nebulosas, cuando uno camina por las calles de los pueblos y ciudades españolas, siente que no anda sólo -con tilde-, una presencia va siempre contigo. No podría llegar a definir su forma, no llego a distinguirla con claridad, no se deja ver con facilidad, es huidiza y muy escurridiza, pero a veces, cuando menos te lo esperas, cuando uno más despistado está, esa especie de sombra se acerca tanto que hasta puedes sentir su aliento en tu nuca.

En las últimas semanas hemos visto cómo por parte de algunos radicales violentos se lanzan amenazas sobre consejeros murcianos advirtiéndoles de una presencia que les persigue y que les alienta en la nuca, pero no es este pestilente hálito al que me refiero. La presencia a la que aludo es inmaterial, no golpea con puños americanos, pero hace el mismo o más daño a la sociedad.

Se podría pensar que gracias a la Constitución Española uno está seguro deambulando libremente por las calles, que puede hacerlo, que puede ir tranquilo, pero con la existencia en las vías de esa sombra acechante ya no lo haces con la misma libertad. ¿Se puede restringir una libertad pública o un Derecho Fundamental de manera velada? El Gobierno, por mandato constitucional está obligado a otorgar a los ciudadanos un ámbito de libertad y protección para que las personas de bien puedan desarrollar sus planes de vida con entera libertad, pero ¿qué pasa cuando la presencia fatigante es el propio Gobierno?

Desde que nuestro presidente llegó a serlo siento su aliento en mi nuca, me persigue, se mete en mis reuniones de trabajo, en mi comida, en mi cama, en mi vida privada, me dice si puedo o no fumar, si puedo o no hablar en mi idioma, si puedo o no beber vino, el número de hijos que debo tener, el sexo de estos y sus nombres, si deben llevar el apellido de su padre o de su madre, si los debo matricular en un colegio público o privado, la televisión que deben ver y hasta incluso, la religión que deben profesar.

De una forma casi inapreciable hemos ido perdiendo libertad. Poco a poco, con la pérfida excusa de hacer avanzar socialmente a España, lo que estamos contemplando en la actualidad es más bien todo lo contrario, una pérdida flagrante e ingente de derechos y libertades públicas y privadas. El Gobierno, con sus buenas palabras y con su excelso control de los medios de comunicación, de la retórica y la semántica a su antojo, consigue que lo que en realidad es una pérdida parezca una ganancia. Modifican la contabilidad política a su arbitrio y aquello que debiera por nocivo aparecer en el debe, hace “chas” y aparece en el haber.

Se nos dice por parte de las autoridades cómo debemos morir, si un médico debe practicar un aborto o darle una “buena muerte” a un enfermo, que delatemos al vecino fumador, se nos obliga y obliga sin parar con la excusa de que eso es bueno para nosotros. Al parecer creen que los españoles estamos completamente inhabilitados para decidir por nosotros mismos y distinguir el “buen” camino, y como niños menores que somos, necesitamos de papá Estado para que decida por nosotros.

Pero no nos engañemos, lo que el Gobierno español está haciendo no se enmarca dentro del asumible paternalismo estatal, sino más bien del perfeccionismo más obsceno. Hace que los españoles nos sintamos como encerrados entre cuatro paredes, no puedes hacer ni decir nada sin que una norma, ley, reglamento, directiva, etc., lo prohíba, sancione o desaconseje.

Ya está bien de dirigir la vida de la gente, los españoles seguiremos fumando, riendo, hablando, opinando, procreando, educando y muriendo como nos de la real gana de D. Camilo José Cela. No tomen al pueblo como tonto, eso lo hicieron otros antes que ustedes y acabaron en la guillotina. No lo coarten, porque cual olla a presión un día explotará y la onda expansiva llegará hasta sus narices.

De momento, y por lo pronto, seguiré fumando, comiendo en McDonalds, no pienso ni por asomo vacunarme contra la gripe, estudiaré lo que quiera, cuando quiera y como quiera, hablaré en el idioma que me salga de las narices y rotularé mis negocios en sánscrito si ese es mi deseo, no voy a abortar ideas ni vidas, rezaré con la señal de la cruz y no lo duden, me levantaré contra aquél o aquellos que quieran impedírmelo.

F. Pertusa