“¡Adiós!, la despedida es un dolor tan dulce, que adiós diría hasta el amanecer”. Con esta bella frase, la enamorada Julieta despedía a su amor y con ella, ya daba Shakespeare una muestra de lo bonita y a la vez difícil, que puede llegar a ser una despedida, y sin la más mínima intención de hacer comparaciones que pudieran resultar prosaicas frente al verso, es la misma situación que parece darse en la actualidad sobre el sillón presidencial español.
Nótese en la frase de la tragedia de la pareja de Verona un detalle, y es que cuando era pronunciada, Julieta no quería despedirse para siempre de Romeo, era un mero hasta mañana camuflado bajo la dureza y rudeza de un adiós, de un hasta nunca. Y yo me pregunto, ¿podría ser la despedida de Rodríguez Zapatero un mero artificio poético?
En toda la trayectoria del nombrado presidente, no hemos tenido una sola certeza. De forma reiterada ha dicho una cosa y la contraria, ha prometido y no cumplido y andado y desandado tantas veces que, por deformación profesional, no puedo creer ni una sola de sus frases, ni siquiera la única pronunciada por su boca que me ha hecho feliz, su adiós.
No es que uno sea tan inocente como para creer que el propio presidente diga que no volverá a presentarse a unas elecciones y que luego no lo cumpla, tampoco es que sea imposible, pero seamos sinceros, si improbable, pero es que ha sido como la de Julieta, una despedida a medias, un sí pero no, un lo sé pero me resisto, un vete o de lo contrario no puedo volver a verte.
Con ella, el presidente ha perdido la oportunidad de tener la única despedida honrosa posible, su “me voy ya, convoco elecciones y lo siento”. Una despedida tajante, inmediata y liberadora, que salvaría al país de la situación de interinidad en la que nos deja. Zapatero no es una mala persona, no le ha hecho daño al país de forma voluntaria, pero si por negligencia. Uno, sabedor de sus limitaciones al frente de un país, no puede anclarse a la silla sin pensar en su pueblo, y de hacerlo, debe ser consciente que él será el responsable del posible daño que se cause a sus ciudadanos. Un padre no puede dejar a un niño encerrado en un coche durante horas, si lo hace, es un padre negligente y la ley actúa. Aplicando el símil al caso actual, podemos decir, que la crudeza de la crisis y la tardanza en salir de ella, son sólo y exclusivamente, responsabilidad de Zapatero por su negligente e irresponsable actuación al frente de un gobierno sin pies ni cabeza.
Pero es que, a mayor abundamiento en su ineptitud, ni siquiera sus últimas voluntades políticas, su epitafio, ha sido una decisión propia. Ni siquiera ésta ha sido tomada libremente. Su consentimiento se ha visto viciado por las coacciones e intimidaciones del resto de pesos pesados del partido ante el posible horizonte de una debacle electoral. Ninguna de sus últimas decisiones en ostentación de su cargo ha sido alcanzada por voluntad propia, sino más bien auspiciadas, por no decir impuestas, por presidentes extranjeros, altos cargos de su partido, nacionalistas trasnochados y, lo que es más fuerte, por sindicatos.
Pero es que además, tampoco ha sido una decisión firme. Como Julieta, el presidente no se despide y punto, simplemente anuncia su futura despedida, y este cierto futurible, aunque parezca lo dicho una incoherencia, es precisamente lo que otorga a la situación su vis cómica, y es que, a quién su propio partido obliga a marcharse por inválido para su cargo, se le pide que siga dirigiendo la “res pública” española como si nada hubiera pasado, haciendo nulo el PSOE el bíblico pensamiento “no quieras para los demás lo que no quieras para ti mismo”.
¿Podemos entonces los españoles asumir el riesgo de mantener al frente de nuestros comunes intereses a una persona enajenada de su cargo por voluntad interna?
Me salta a la mente una grave preocupación, y es que cuando una persona es conocedora del final de una etapa, intenta tomar decisiones y acciones a la desesperada, y me invade el miedo de imaginar a Rodríguez Zapatero tomando decisiones urgentes, importantes e irreversibles de manera irreflexiva. Aunque bien pensado, si las actuaciones y medidas alcanzadas con reflexión y acuerdo nos han llevado donde nos han llevado, quizá lo mejor para el país es que este señor deje de pensar.
Pero volviendo al tema central, lo que no nos podemos permitir, son actuaciones impulsivas de extremo-progresismo que nos hundan más si cabe en la miseria, para que la imagen pública a futuro del presidente cambie y quizá algún día en alguna enciclopedia no aparezca su foto junto a la definición de “insolvente”.
Es decir, lo que me da autentico pavor son las posibles decisiones tomadas entonando el famoso cántico de “para lo que me queda en el convento…”
No suelo dar consejos a gente del PSOE, pero Sr. Presidente, le aconsejo dos cosas:
1º.- Váyase cuanto antes.
2º No haga nada antes de irse, únicamente, recoja sus cosas, saque a sus hijas de la Moncloa y calladito, salga por la puerta de atrás sin hacer ruido. No vaya al Parlamento, no reciba a nacionalistas, no hable con el Fiscal General del Estado, no vaya a ninguna reunión europea, no salga del país, nosotros ya estamos acostumbrados a aguantarle pero fuera no tienen por qué sufrirle, no prometa nacionalidades ni pacte con terroristas, no hable, no oiga, no vea.
Finalmente, otra de las dudas que me asalta en estos momentos es pensar en el futuro del presidente una vez su despedida sea definitiva, y la única opción que se me ocurre, es que vuelva a la enseñanza, sintiéndolo mucho por sus alumnos, porque de lo contrario, sólo lo veo en la empresa a la que más ha favorecido desde que entrara en el Gobierno, el INEM, y ello porque dudo mucho que ninguna empresa, ni siquiera la de su amigo Roures, quiera contratarlo y ver como sus acciones se desploman inmediatamente.
Hasta pronto presidente.
F. Pertusa.
miércoles, 6 de abril de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
SIENTO SU ALIENTO EN MI NUCA
En estas noches nebulosas, cuando uno camina por las calles de los pueblos y ciudades españolas, siente que no anda sólo -con tilde-, una presencia va siempre contigo. No podría llegar a definir su forma, no llego a distinguirla con claridad, no se deja ver con facilidad, es huidiza y muy escurridiza, pero a veces, cuando menos te lo esperas, cuando uno más despistado está, esa especie de sombra se acerca tanto que hasta puedes sentir su aliento en tu nuca.
En las últimas semanas hemos visto cómo por parte de algunos radicales violentos se lanzan amenazas sobre consejeros murcianos advirtiéndoles de una presencia que les persigue y que les alienta en la nuca, pero no es este pestilente hálito al que me refiero. La presencia a la que aludo es inmaterial, no golpea con puños americanos, pero hace el mismo o más daño a la sociedad.
Se podría pensar que gracias a la Constitución Española uno está seguro deambulando libremente por las calles, que puede hacerlo, que puede ir tranquilo, pero con la existencia en las vías de esa sombra acechante ya no lo haces con la misma libertad. ¿Se puede restringir una libertad pública o un Derecho Fundamental de manera velada? El Gobierno, por mandato constitucional está obligado a otorgar a los ciudadanos un ámbito de libertad y protección para que las personas de bien puedan desarrollar sus planes de vida con entera libertad, pero ¿qué pasa cuando la presencia fatigante es el propio Gobierno?
Desde que nuestro presidente llegó a serlo siento su aliento en mi nuca, me persigue, se mete en mis reuniones de trabajo, en mi comida, en mi cama, en mi vida privada, me dice si puedo o no fumar, si puedo o no hablar en mi idioma, si puedo o no beber vino, el número de hijos que debo tener, el sexo de estos y sus nombres, si deben llevar el apellido de su padre o de su madre, si los debo matricular en un colegio público o privado, la televisión que deben ver y hasta incluso, la religión que deben profesar.
De una forma casi inapreciable hemos ido perdiendo libertad. Poco a poco, con la pérfida excusa de hacer avanzar socialmente a España, lo que estamos contemplando en la actualidad es más bien todo lo contrario, una pérdida flagrante e ingente de derechos y libertades públicas y privadas. El Gobierno, con sus buenas palabras y con su excelso control de los medios de comunicación, de la retórica y la semántica a su antojo, consigue que lo que en realidad es una pérdida parezca una ganancia. Modifican la contabilidad política a su arbitrio y aquello que debiera por nocivo aparecer en el debe, hace “chas” y aparece en el haber.
Se nos dice por parte de las autoridades cómo debemos morir, si un médico debe practicar un aborto o darle una “buena muerte” a un enfermo, que delatemos al vecino fumador, se nos obliga y obliga sin parar con la excusa de que eso es bueno para nosotros. Al parecer creen que los españoles estamos completamente inhabilitados para decidir por nosotros mismos y distinguir el “buen” camino, y como niños menores que somos, necesitamos de papá Estado para que decida por nosotros.
Pero no nos engañemos, lo que el Gobierno español está haciendo no se enmarca dentro del asumible paternalismo estatal, sino más bien del perfeccionismo más obsceno. Hace que los españoles nos sintamos como encerrados entre cuatro paredes, no puedes hacer ni decir nada sin que una norma, ley, reglamento, directiva, etc., lo prohíba, sancione o desaconseje.
Ya está bien de dirigir la vida de la gente, los españoles seguiremos fumando, riendo, hablando, opinando, procreando, educando y muriendo como nos de la real gana de D. Camilo José Cela. No tomen al pueblo como tonto, eso lo hicieron otros antes que ustedes y acabaron en la guillotina. No lo coarten, porque cual olla a presión un día explotará y la onda expansiva llegará hasta sus narices.
De momento, y por lo pronto, seguiré fumando, comiendo en McDonalds, no pienso ni por asomo vacunarme contra la gripe, estudiaré lo que quiera, cuando quiera y como quiera, hablaré en el idioma que me salga de las narices y rotularé mis negocios en sánscrito si ese es mi deseo, no voy a abortar ideas ni vidas, rezaré con la señal de la cruz y no lo duden, me levantaré contra aquél o aquellos que quieran impedírmelo.
F. Pertusa
En las últimas semanas hemos visto cómo por parte de algunos radicales violentos se lanzan amenazas sobre consejeros murcianos advirtiéndoles de una presencia que les persigue y que les alienta en la nuca, pero no es este pestilente hálito al que me refiero. La presencia a la que aludo es inmaterial, no golpea con puños americanos, pero hace el mismo o más daño a la sociedad.
Se podría pensar que gracias a la Constitución Española uno está seguro deambulando libremente por las calles, que puede hacerlo, que puede ir tranquilo, pero con la existencia en las vías de esa sombra acechante ya no lo haces con la misma libertad. ¿Se puede restringir una libertad pública o un Derecho Fundamental de manera velada? El Gobierno, por mandato constitucional está obligado a otorgar a los ciudadanos un ámbito de libertad y protección para que las personas de bien puedan desarrollar sus planes de vida con entera libertad, pero ¿qué pasa cuando la presencia fatigante es el propio Gobierno?
Desde que nuestro presidente llegó a serlo siento su aliento en mi nuca, me persigue, se mete en mis reuniones de trabajo, en mi comida, en mi cama, en mi vida privada, me dice si puedo o no fumar, si puedo o no hablar en mi idioma, si puedo o no beber vino, el número de hijos que debo tener, el sexo de estos y sus nombres, si deben llevar el apellido de su padre o de su madre, si los debo matricular en un colegio público o privado, la televisión que deben ver y hasta incluso, la religión que deben profesar.
De una forma casi inapreciable hemos ido perdiendo libertad. Poco a poco, con la pérfida excusa de hacer avanzar socialmente a España, lo que estamos contemplando en la actualidad es más bien todo lo contrario, una pérdida flagrante e ingente de derechos y libertades públicas y privadas. El Gobierno, con sus buenas palabras y con su excelso control de los medios de comunicación, de la retórica y la semántica a su antojo, consigue que lo que en realidad es una pérdida parezca una ganancia. Modifican la contabilidad política a su arbitrio y aquello que debiera por nocivo aparecer en el debe, hace “chas” y aparece en el haber.
Se nos dice por parte de las autoridades cómo debemos morir, si un médico debe practicar un aborto o darle una “buena muerte” a un enfermo, que delatemos al vecino fumador, se nos obliga y obliga sin parar con la excusa de que eso es bueno para nosotros. Al parecer creen que los españoles estamos completamente inhabilitados para decidir por nosotros mismos y distinguir el “buen” camino, y como niños menores que somos, necesitamos de papá Estado para que decida por nosotros.
Pero no nos engañemos, lo que el Gobierno español está haciendo no se enmarca dentro del asumible paternalismo estatal, sino más bien del perfeccionismo más obsceno. Hace que los españoles nos sintamos como encerrados entre cuatro paredes, no puedes hacer ni decir nada sin que una norma, ley, reglamento, directiva, etc., lo prohíba, sancione o desaconseje.
Ya está bien de dirigir la vida de la gente, los españoles seguiremos fumando, riendo, hablando, opinando, procreando, educando y muriendo como nos de la real gana de D. Camilo José Cela. No tomen al pueblo como tonto, eso lo hicieron otros antes que ustedes y acabaron en la guillotina. No lo coarten, porque cual olla a presión un día explotará y la onda expansiva llegará hasta sus narices.
De momento, y por lo pronto, seguiré fumando, comiendo en McDonalds, no pienso ni por asomo vacunarme contra la gripe, estudiaré lo que quiera, cuando quiera y como quiera, hablaré en el idioma que me salga de las narices y rotularé mis negocios en sánscrito si ese es mi deseo, no voy a abortar ideas ni vidas, rezaré con la señal de la cruz y no lo duden, me levantaré contra aquél o aquellos que quieran impedírmelo.
F. Pertusa
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